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4/11/15

Pastel de coliflor

La coliflor es una de esas verduras que no a todo el mundo le gusta. A quienes más les cuesta comerla es a los pequeños, por su aroma o por su sabor, pero tiene multitud de propiedades beneficiosas y no se deben despreciar. Entre otras cosas es muy buena para la gente que tiene problemas de riñón o para embarazadas, por su alto contenido en ácido fólico.
La coliflor, como su nombre indica, es una flor, por llamarla así; es la inflorescencia de la col brassica oleracea de la que se cultivan dos o tres variedades más populares. Sus hojas son pocas, pero no las desaproveches. Bien te sirven para un caldo, para completar un puré de verduras, una tortilla, o para dárselas a las gallinas, pero nunca son basura. El tronco también te sirve para un caldo.
Volviendo a la dificultad de hacer que todos la coman, te voy a explicar como prepararla de forma atractiva y con una presentación que bien te puede servir para una fiesta, ahora que se aproxima Navidad. 
Un plato económico, un poco más "de manchar la cocina" y que necesita un poquito más de trabajo y atención. Este tipo de platos hay que hacerlo sin prisas y cuando ya tienes cierta experiencia en la cocina, aunque si sigues al pie de la letra mis consejos, te saldrá sin problemas. 
No pretendas hacerla justo antes de comer, necesita tiempo, por tanto puedes empezar a preparar todo el día antes o utilizar coliflor congelada, que ya está cocida.

Necesitarás: olla rápida, dos boles grandes, un bol pequeño, batidor de varillas (eléctrico mejor), lengua pastelera, molde para bizcocho y papel de hornear.


Ingredientes:
1 coliflor de unos 800 g
1 cucharada de harina de garbanzos
1 cucharada de harina de trigo
4 huevos frescos y fríos.
50 g de mantequilla sin sal
100 g de queso rallado que funda y te guste.
200 ml de leche a temperatura ambiente.

Preparación:
Limpia la coliflor, dejando los "arbolitos" sin nada verde y separados del tronco.
Mete la coliflor limpia en la olla rápida y cubre de agua.
Cierra y cuece durante unos 7 minutos desde que tienes vapor.
Pasado ese tiempo, quita el vapor y extrae la coliflor bien escurrida. Resérvala en un plato o bandeja.
En una cazuela pequeña o cacillo, funde la mantequilla a fuego medio fuerte.
En cuanto esté fundida, para que no se te queme, añade las harinas mezcladas previamente, removiendo con un batidor de varillas, lentamente pero sin pausa. 
Cuando las harinas tomen color, empieza a incorporar la leche sin parar de remover. 
Cuece hasta que se espese lo suficiente... ¿y qué es "lo suficiente, Santi"? 
Bien, buena pregunta. Cuando dejes caer un poco de bechamel sobre la superficie del resto y tarde en desaparecer o no desaparezca, estará lista. Solo procura que no se haga una pasta muy espesa porque habrá que mezclarla con lo que viene ahora.
Puedes aderezar la bechamel con una pizca de sal, un poco de pimienta, nuez moscada... eso va en gustos.
Aparta del fuego y resérvala.
En un bol grande y con ayuda de un tenedor, espachurra la coliflor, tanto como puedas, para que no queden trozos. Truco: si la cueces el día anterior y la congelas, quedará tan blanda que te será más fácil deshacerla.
Cuando la tengas bien deshecha, mezcla la bechamel con la coliflor, removiendo ligeramente.
Ahora viene algo que tienes que aprender si no lo sabes hacer ya: separar las yemas de las claras.
Con este truco no tendrás problema. Separar las yemas de las claras.
Una vez separadas, añade las yemas a la masa y mezcla bien, con ayuda de la lengua pastelera.
En este momento puedes incorporar también el queso a la mezcla.
Pon las claras en otro bol grande y con ayuda del batidor de varillas levanta las claras a punto de nieve. 
Incorpora las claras a la masa y mezcla con suavidad para que no se desmonte.
Forra el molde con papel de hornear o engrásalo con mantequilla. Yo prefiero usar el papel para evitar disgustos.
Vierte la masa en el molde.
Precalienta el horno a 180ºC sin turbo. Placas arriba y abajo.
Mete el pastel en el horno durante 75 minutos o hasta que esté dorado.
Comprueba que está hecho metiendo una aguja de punto o una brocheta en el centro. Si sale limpia es que está hecho, si sale manchada deja que se hornee unos minutos más.
Deja que se enfríe ligeramente y desmolda sobre una bandeja adecuada.
Corta porciones de dos o tres dedos de grueso por plato.
Puedes completar la presentación con algún crujiente como tierra ibérica y teja de patata como en la foto.

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